Con el iPhone 16 Pro Max dejé atrás el 14 Pro Max, que ya tenía otro destino. El cambio me aportó mejoras que valoraba en el día a día: autonomía, USB-C, botón de acción y control de cámara. También disfruté de la grabación en 4K a 120 fps y del teleobjetivo de cinco aumentos.
Poder dejar de llevar un cable Lightning fue una alegría. No todas las mejoras que uno agradece aparecen como la gran novedad de una presentación.
El iPad mini con A17 Pro, que empecé a utilizar el 23 de octubre, fue otra de las sorpresas del año. Llevaba desde el iPad Pro de 2015 intentando que una tableta sustituyera al portátil, pero mis necesidades seguían llevándome al Mac. Con el mini encontré un formato que me resultaba más práctico para lo que realmente hacía con el iPad.
Leer, ver vídeos de información y formación, responder correos y tomar notas con el Apple Pencil Pro encajaban mucho mejor en ese tamaño. Para escribir a mano lo encontraba más cómodo y, sobre todo, era una delicia llevarlo conmigo.
El MacBook Pro de 14 pulgadas con M4 Pro sustituyó al de 16. Voy andando a muchos sitios y hay días en los que hago alrededor de diez kilómetros: reducir el peso de los equipos y accesorios se notaba, y mucho. Entre el Mac y el iPad conseguí aligerar cerca de dos kilos lo que transportaba.
Aproveché una buena venta del portátil anterior y añadí unos 200 € para cambiarlo. Perdía tamaño de pantalla, pero ganaba comodidad al moverme. También noté una mejora de visibilidad en lugares con mucha luz, como la cafetería donde a veces trabajo junto a un ventanal.
La última gran sorpresa fue el Mac mini M4. Lo compré por 719 € y me impresionó la combinación de tamaño, diseño y rendimiento. Los puertos delanteros hacían más cómodas las conexiones del escritorio. Junto con el iPad mini, fue uno de los productos que más disfruté aquel año: pequeño por fuera y muy grande para lo que necesitaba.